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Descripción
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Trabajo que aborda la crisis de la opción nucleoeléctrica y sus costos económicos, políticos y ambientales para América del Sur. Autoras: Rosa Moreno y Sara Larraín |
Resumen de los Archivos
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Desde finales de la década del 80, la generación nuclear de electricidad es una opción energética que ya no se expande en el mundo como esperaban sus impulsores, principalmente a causa de su incapacidad para resolver el problema de los desechos, por cuestiones de seguridad y por los riesgos geopolíticos que implica. La industria nuclear atraviesa
hoy una clara crisis de supervivencia: los contratos para construir nuevas plantas escasean, y el plazo para el desmantelamiento de las centrales que cumplen su vida útil, proceso altamente costoso, es inminente. A nivel internacional, consorcios y gobiernos dedicados a este negocio dedican grandes esfuerzos para ubicar la opción nuclear como una “alternativa limpia” frente al
calentamiento global generado por los combustibles fósiles, principales emisores de dióxido de carbono (CO ), pero no es una alternativa energética que haya adoptado hasta ahora la comunidad internacional.
La Unión Europea, que lidera las políticas para mitigar el cambio climático, ha desechado la generación nuclear en su estrategia común frente a este desafío, a causa de sus impactos ambientales, de la oposición ciudadana que genera y de la falta de solución para los problemas de seguridad que plantea, asociados con la proliferación nuclear y las tensiones geopolíticas. En este contexto, sin embargo, los gobiernos de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Venezuela han anunciado o dictado en los últimos años medidas que suponen un intento por reactivar el desarrollo nucleoeléctrico en los países la región.
En América del Sur, el debate por la opción nuclear se ha reinstalado de la mano de las crisis energéticas que ya atraviesan –o que anticipan– distintos países de la región. En Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva usó el antecedente de la crisis energética que se vivió en el verano de 2001 como uno de los principales argumentos para reactivar el proyecto Angra-3, inactivo desde los 80, y anunció recientemente que los próximos ocho años invertirá los fondos para desarrollar el tercer reactor nuclear del país. En Argentina, el presidente Néstor Kirchner anunció durante 2006 la reactivación de un plan de desarrollo nuclear como una de las medidas para afrontar la crisis energética que se prevé en el país, y se comprometió a terminar la central atómica Atucha II, proyecto que estaba inactivo desde mediados de los 90. En Chile, a fines de
2006, la presidenta Michelle Bachelet estableció una Comisión de Nucleoelectricidad con el fin de recomendar estudios para el desarrollo nuclear, a pedido de dirigentes y legisladores, que fundaron su solicitud en la expansión de la demanda energética y en la escasez de fuentes de
energía segura para abastecer al país. Del mismo modo, y por instrucciones del presidente Tabaré Vázquez, el gobierno de Uruguay envió en mayo de este año una misión a Finlandia para realizar un estudio que tiene como fin “avanzar en el desarrollo de la energía nuclear”, tal como informaron
fuentes oficiales. |
Archivos Actuales
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Acciones |
| energianuclearnotienefuturo.pdf |
6.27 MB |
20/12/2007 |
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